¿Cómo sobrevivir con la mente intacta?


100 días después de los primeros casos en México, el Covid sigue devastando a los más vulnerables, y si sumamos el cansancio, el aislamiento, las tensiones en la política interior, violencia desmedida, impunidad, pobreza, polarización en redes y ahora un sismo, la situación se torna realmente muy difícil de sobrellevar.
“¡No puedo más!” Me decía una paciente al teléfono. “Justo ahora que me había adaptado un poco a la idea de la nueva normalidad, de la posibilidad de contagio y me había animado a retornar a mis actividades, se me viene un sismo que sacude mi edificio. Me siento cansada, muy cansada”.
Hasta ahí entendí que era normal. Ha sido un golpe seguido de otro, pero lo que me puso en alerta fue cuando mencionó; “ya no quiero hacer planes porque tengo miedo que algo pase y me decepcione de nuevo”. Mi paciente estaba perdiendo la esperanza en el futuro y ese sí se puede convertir un problema psicológico de dimensiones enormes.
Quienes conocemos la estrecha relación entre el estado de ánimo de una persona y las funciones del sistema inmunológico, sabemos que la desesperanza puede tener un desenlace fatal.


En su libro El hombre en busca del sentido, el Dr. Victor Frankl narra cómo, en medio de las más terribles condiciones infrahumanas, los prisioneros de los guettos nazis eran obligados a trabajar día y noche con solo 50 gramos de pan, un plato de caldo aguado, cuidándose de no ser devorados por las enormes ratas mientras dormían y, cuando pensaban que ya no podía ser peor, el asunto empeoraba con la aparición de fiebre tifoidea.
El psiquiatra quien, al igual que sus compañeros estaba preso, se dedicó a observar cuál era la relación entre el estado de ánimo y la aceleración de la muerte en los presos.
Entre varias situaciones cuenta cómo esta se hizo más notoria entre Navidad de 1944 y el año nuevo de 1945: sólo en una semana, hubo un enorme pico de muertes. Las condiciones de trabajo y los alimentos eran los mismos, la causa tampoco estaba en el largo invierno ni en el brote de nuevas epidemias.
Para él, la respuesta fue clara: se trataba de que, la mayoría de los presos había alimentado la esperanza de volver a estar en sus casas en Navidad. Según se acercaba esa fecha y sin noticias alentadoras, los prisioneros iban perdiendo la entereza y se dejaban vencer por el desaliento. Muchos de ellos morían desesperanzados y con poca capacidad de resistencia.
Observó una y otra vez que el prisionero que perdía la fe en el futuro, estaba condenado. Los primeros síntomas eran que se negaba a levantarse, a vestirse, a salir. Entonces, ya no había nada qué hacer. Ya nada importaba. La muerte se apoderaba de él en pocas horas.
Ahora, la pregunta es, ¿Cómo podemos alimentar la resiliencia (capacidad de adaptarse y superar experiencias traumáticas)?


Frankl, tras 5 años concluyó que, sobrevivían quienes habían cultivado más su propia fortaleza interior o, en palabras de Nietzsche, “quien tiene un por qué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Esa es la motivación que le ayuda al ser humano a trascender a sus peores sufrimientos.
Otro punto era tener la capacidad de imaginar el futuro y solo ir al pasado, para tomar las fuerzas y seguir adelante.
En estos tiempos devastadores para nuestro país, no estamos desamparados. Tenemos una poderosa herramienta, que es nuestra  fuerza interior. Ahora, es momento de ir hacia adentro y cultivarla, solo así nuestro cuerpo y nuestra mente permanecerá intacta al final de todo.

Psic. Olga González Domínguez

escribeme@olgagonzalez.mx

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