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Antojos emocionales

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El día de ayer fui a correr al parque, que es enorme, tiene amplias áreas verdes, pistas para corredores y ciclistas. Fui con cubrebocas, lentes, gorra, manga larga y seguí las recomendaciones del distanciamiento social. Además de que, al regresar a mi casa, hice todo el protocolo de desinfección. Sólo salgo a correr bajo estas condiciones, sobre todo con la idea de, poco a poco, incorporarme a la nueva normalidad y no dejar de estar en contacto con el exterior.Es importante seguir alertas, no bajar la guardia y, sobre todo, ser conscientes del otro. Pensando en esto último, lo que me molesta es que las personas sean indiferentes, descuidadas, y que minimicen la situación por la que está pasando nuestro personal de salud en los hospitales.Les cuento que mientras corría, fui observando escenas de familias extendidas haciendo reuniones; grupos deportivos, donde las personas estaban sentadas unos a los otros; decenas de personas con cubrebocas mal puestos (dejando descubierta la nariz)…,…

Orden dentro del caos

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En días pasados tuve el honor de entrevistar a la doctora Montserrat Graell, psiquiatra mundialmente reconocida y jefa de psiquiatría y psicología clínica en el Hospital Universitario Infantil Niño Jesús, ubicado en Madrid, España. Montserrat también es catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid, uno entre muchos otros puestos de liderazgo que ostenta tanto en Europa como en Latinoamérica. La entrevista la realicé durante una conferencia en vivo, vía Facebook, que fue titulada: “La pandemia cambió mi vida”. En ella, la doctora Graell nos compartió su experiencia sobre cómo se vivió –y se está viviendo– en España la pandemia. A diferencia de México, allá se llegó antes al pico de contagios, así que fue interesante plantear cómo la experiencia de nuestros amigos españoles podría ayudarnos a reflexionar sobre la nuestra: cómo lo estamos haciendo nosotros en esta fase, qué podemos esperar ahora que en México poco a poco va llegando la llamada nueva normalidad, con el regreso a clases…

¡Resiste! Ya falta poco.

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De pronto mis redes se pintan de negro. Todo habían sido opiniones, memes, críticas políticas, opiniones de pseudo profesionales de la salud... Hasta que de pronto, de un día para otro, quienes estaban enojados ahora están asustados porque alguno de sus familiares está enfermo; los que no creían y seguían saliendo sin mayor necesidad a la calle (porque en el fondo “todos nos estamos cuidando mucho”) ahora solicitan un tanque de oxígeno; los que estaban incrédulos ahora están desesperados buscando plasma para sus hijos y familiares. Hoy, más que cualquier otro día, mi Facebook se ha teñido de rojo por todos aquellos llamados de auxilio, y también de negro, por un corazón de luto. 
Esta semana, más que cualquier otra, fue la semana en que más personas cercanas a mí dieron positivo o fallecieron por Covid-19. Hablo de gente joven, adulta, sin enfermedades preexistentes ni obesidad. Nadie cree hasta que le pasa. Nadie ve la magnitud de la pandemia hasta que la muerte te golpea a la cara. Y…

Los libros deberían de ser esenciales 📚

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Hace unas semanas me escribió una persona que trabaja para una tienda tipo club de venta mayorista, me escribió para compartirme su desesperación tras ver cómo algunos clientes iban frecuentemente a comprar cosas no esenciales, productos que se pueden adquirir sin ningún problema a través de tiendas en línea. Incluso me comentó el caso de una clienta que llegó a esta tienda club, una señora mayor de edad que traía en su carrito de compra refrescos y un pastel, esto para festejar el día del Padre, y que exigió a una de las empleadas abrir una caja de cobro especial para las personas de la tercera edad. La empleada le respondió: “Señora, ¿no tiene usted algún familiar que le pueda pedir su pastel y sus refrescos en línea?, ¿o alguien que venga a hacer las compras por usted?”. La empleada hizo la sugerencia con amabilidad, incluso con cariño. “Usted es población de riesgo, señora. No ponga su vida en peligro de esta manera”. A lo que la señora respondió: “Ay, mijita, es mi distracción. M…

El agotamiento en el personal de salud

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Más de 46 mil del personal de salud se han infectado de Covid 19, al primero de julio habían fallecido alrededor de 584,  para esta misma fecha tan solo en una semana (23 de Junio al 1 de Julio) fallecieron 99 médicos  y hay 23 fallecimientos más por confirmar, y otros que han vuelto a la primera línea, vuelven a infectarse con mayor gravedad. Esto según datos de la Secretaría de Salud Dr. José Luis Alomía. Director General de Epidemiología. Este holocausto no puede continuar para nuestro personal de salud. Y nosotros como ciudadanos responsables tenemos el poder de detenerlo. Por eso, debemos de tener muy claro que, cada vez que tomas una decisión individual como ir una reunión, ponerte mal el cubrebocas, estarías condenado a cientos de personas, porque si te enfermaras o contagiaras a tu familia, invariablemente necesitarás del personal de salud y tal vez no haya suficiente personal para atenderte porque están infectados también. Para que nuestro personal de salud y sus familiares se…

¿Cómo identificar y qué hacer ante un ataque de pánico?

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Durante los ataques de pánico o crisis de angustia se producen síntomas físicos muy intensos: taquicardia, dificultad para respirar o disnea, hiperventilación pulmonar, hipertensión arterial, temblores, mareos, dolor en el pecho, sudoración, náuseas, incluso diarrea y pueden ocurrir en cualquier momento y lugar, sin previo aviso. No se trata solo de un estado emocional, sino que sus síntomas son reales y medibles. La persona siente su cuerpo fuera de control y, al percibir la desconexión entre cuerpo y mente, aumenta el miedo a lo que está sucediendo. Es decir, el pánico a los ataques de pánico provoca que el episodio sea más intenso y estresante. Si observamos bien, estos síntomas son muy parecidos a los del Covid 19. De hecho, uno de los principales desafíos de los profesionales de la salud mental es no pasar por alto esta situación y lograr hacer un buen diagnóstico diferencial. Por eso, es básico aprender a reconocerlos y no minimizar su importancia, significado e impacto sobre nuest…

¿Cómo sobrevivir con la mente intacta?

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100 días después de los primeros casos en México, el Covid sigue devastando a los más vulnerables, y si sumamos el cansancio, el aislamiento, las tensiones en la política interior, violencia desmedida, impunidad, pobreza, polarización en redes y ahora un sismo, la situación se torna realmente muy difícil de sobrellevar. “¡No puedo más!” Me decía una paciente al teléfono. “Justo ahora que me había adaptado un poco a la idea de la nueva normalidad, de la posibilidad de contagio y me había animado a retornar a mis actividades, se me viene un sismo que sacude mi edificio. Me siento cansada, muy cansada”. Hasta ahí entendí que era normal. Ha sido un golpe seguido de otro, pero lo que me puso en alerta fue cuando mencionó; “ya no quiero hacer planes porque tengo miedo que algo pase y me decepcione de nuevo”. Mi paciente estaba perdiendo la esperanza en el futuro y ese sí se puede convertir un problema psicológico de dimensiones enormes. Quienes conocemos la estrecha relación entre el estado de…

El desafío psicológico de volver a la normalidad

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El día de ayer hablaba con una paciente que me contaba que llevaba 96 días en confinamiento con sus tres hijos y su esposo, el trabajo, las compras y hacer absolutamente todo en línea. Ambos podían estar en confinamiento al 100%, por lo que no tuvieron necesidad de salir ni siquiera a la farmacia y se las ingeniaron para estar en casa, mediar los conflictos entre los niños y salir a caminar alrededor de la cuadra. Además, ambos ven las noticias frecuentemente y están bien enterados del COVID. Al principio, a ella, la noticia de quedarse en casa, con los niños, sin ayuda y con un montón de trabajo le pareció un desafío tremendo: se quejó y lloró amargamente, pero al cabo de tres semanas, ya se había adaptado. Trabajamos en terapia todos estos temas, así que aceptó su nueva realidad, bajó sus expectativas y poco a poco, se fue adaptando hasta que ella y los niños se sintieron más relajados, había mayor convivencia familiar, y todos comenzaron a disfrutar de haber bajado el ritmo. Las terapi…

Síndrome de la cabaña y la nueva normalidad

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Así como hay algunas personas que están esperando emocionadas poder salir y retomar actividades al aire libre sin sentir temor de contagiarse, también hay personas que han desarrollado algunos estados emocionales negativos por estar en aislamiento, que tienen temor de salir a la calle y contagiarse especialmente ahora que poco a poco podremos regresar a la normalidad. Esto se ha denominado el Síndrome de la cabaña. Cabin fever o la Fiebre de las cabañas hace referencia a un estado de ansiedad, depresión o intranquilidad por haber estado largos periodos en aislamiento, confinados o en algún área remota.
Algunos historiadores hacen referencia a este término por los primeros colonos que experimentaron largos inviernos en soledad hasta la llegada de la primavera cuando ya podían salir o en navegación trasatlántica, donde estaban largo rato en sus camarotes de barco. Es importante mencionar que éste no es un diagnóstico psicológico, sino que hace referencia a un grupo de estados emocionales…

Teoría de las ventanas rotas

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En 1969, en la Universidad de Stanford, el profesor Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados en dos barrios con poblaciones muy diferentes, mientras que un equipo de especialistas en psicología social se preparó para estudiar las conductas de la gente en cada sitio. Resultó que el auto abandonado en el Bronx fue vandalizado en pocas horas; perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron y lo que no, lo destruyeron. En cambio, el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto. Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí. Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el d…