¡Resiste! Ya falta poco.


De pronto mis redes se pintan de negro. Todo habían sido opiniones, memes, críticas políticas, opiniones de pseudo profesionales de la salud... Hasta que de pronto, de un día para otro, quienes estaban enojados ahora están asustados porque alguno de sus familiares está enfermo; los que no creían y seguían saliendo sin mayor necesidad a la calle (porque en el fondo “todos nos estamos cuidando mucho”) ahora solicitan un tanque de oxígeno; los que estaban incrédulos ahora están desesperados buscando plasma para sus hijos y familiares. Hoy, más que cualquier otro día, mi Facebook se ha teñido de rojo por todos aquellos llamados de auxilio, y también de negro, por un corazón de luto. 

Esta semana, más que cualquier otra, fue la semana en que más personas cercanas a mí dieron positivo o fallecieron por Covid-19. Hablo de gente joven, adulta, sin enfermedades preexistentes ni obesidad. Nadie cree hasta que le pasa. Nadie ve la magnitud de la pandemia hasta que la muerte te golpea a la cara. Y es que nuestros hijos, nuestros padres, nosotros mismos parecemos ser tan fuertes, estar tan vivos, ser tan invencibles que parece difícil pensar que a la siguiente semana podrías estar muerto. Pero así es, este virus no respeta edad ni sexo ni preferencia religiosa. Este virus nos ha puesto de rodillas. 
Pero, ¿sabes qué? Está bien estar de rodillas, estarlo no significa que eres un perdedor o un miedoso, sino que tienes, tenemos que aprender con humildad a que no siempre se gana. Este virus nos está enseñando a parar, a ceder, a tolerar, a ser más solidario y disciplinado. Nos está ayudando a resistir, a ir hacia nuestro interior y estar bien con uno mismo.

Estas lecciones son valiosas y no tienen precio, no se pueden comprar en línea; en un mundo tan inmediato, consumista y superficial como el que habitamos, estas lecciones aprendidas, por desgracia, no habrían podido afianzarse en otro contexto más que en el adverso. Y quien no esté dispuesto a aprender corre un gran riesgo de despedirse de su valiosa vida o de apuntar a matar a los seres amados.

Al ver que mis redes se pintan de rojo y de negro, al notar que las llamadas de auxilio y los mensajes por WhatsApp pidiendo apoyo para encontrar oxígeno, plasma, invitándonos a unirnos en oración no cesan, siento una profunda tristeza. Todo me recuerda el valor de las pequeñas acciones y es cuando me repito a mí misma, y ahora lo comparto contigo: no te esperes a que seas tú quien esté buscando desesperadamente una cama en un hospital para algún familiar, no te esperes a estar literalmente ahogándote para priorizar tu salud y el bienestar de los tuyos, no te esperes a que te toque a ti para accionar, ya que puede ser que una vez que el virus llegue a tu puerta venga con una carta de sentencia definitiva.

No te arriesgues, resiste un poco más; ya falta poco. Cada 24 horas que pasan la ciencia avanza a pasos agigantados y cada vez falta menos para tener en nuestras manos la vacuna. Si puedes hacerlo, quédate en casa, si no puedes sólo es cuestión de ponerte bien el tapaboca y los lentes, cosa de tomar distancia, de lavarte las manos al menos diez veces al día y de esperar con paciencia.


Recuerda que en tiempos de crisis como la que atravesamos ahora, donde nuestra vida y la de nuestros seres queridos se ven amenazadas, debemos de redefinir qué es el éxito. Éxito significa que cuando comience el proceso de vacunación, y con ello llegues a iniciar el proceso de inmunidad, lo hagas sabiendo que toda tu familia y amigos están a salvo, que sobrevivieron. Ya habrá tiempo de salir, abrazar, hacer negocios nuevos, distraerse, ahora toca resguardar la delicada vida. Como dijo Viktor Frankl en su libro El hombre en busca del sentido, “Fuera de la vida, si hay salud todas las pérdidas son reparables”.

Psic. Olga González Domínguez
escribeme@olgagonzalez.mx

Comentarios