Antojos emocionales

El día de ayer fui a correr al parque, que es enorme, tiene amplias áreas verdes, pistas para corredores y ciclistas. Fui con cubrebocas, lentes, gorra, manga larga y seguí las recomendaciones del distanciamiento social. Además de que, al regresar a mi casa, hice todo el protocolo de desinfección. Sólo salgo a correr bajo estas condiciones, sobre todo con la idea de, poco a poco, incorporarme a la nueva normalidad y no dejar de estar en contacto con el exterior.

Es importante seguir alertas, no bajar la guardia y, sobre todo, ser conscientes del otro. Pensando en esto último, lo que me molesta es que las personas sean indiferentes, descuidadas, y que minimicen la situación por la que está pasando nuestro personal de salud en los hospitales.

Les cuento que mientras corría, fui observando escenas de familias extendidas haciendo reuniones; grupos deportivos, donde las personas estaban sentadas unos a los otros; decenas de personas con cubrebocas mal puestos (dejando descubierta la nariz)…, pero lo que más me impactó fue ver a un padre de familia romper las cintas amarillas que dicen “Prohibido el paso”, con tal de subir a su hijo pequeño a la resbaladilla de plástico. Si lo piensan bien, es una imagen llena de significados y, sin duda, explica el porqué detrás de esos adultos que no saben seguir instrucciones, explica la diferencia entre el éxito y el fracaso en distintos aspectos e, incluso, por qué algunas personas han fallecido de manera precipitada durante la pandemia. Y esto es porque desde pequeños nos entrenan a ser esclavos de nuestros antojos emocionales.


A ver, hablamos de 113 hectáreas verdes, donde el 75% son árboles –varios de ellos con más de 50 años de antigüedad–, ¿en serio no hay forma de jugar ahí con un niño pequeño? ¿A los papás sólo nos quedan los espacios cerrados por la autoridad? ¿Violar las reglas sanitarias es válido con tal de cumplir los deseos de nuestros hijos?

El virus puede sobrevivir más de 72 horas en superficies, ¿y qué tal que a otro papá se le ocurre subir después a otro niño? En realidad, el problema de fondo, con o sin pandemia, es que enseñas a tu hijo a que puede romper las reglas y que, además, está bien hacerlo. Recuerda que todas tus conductas son una enseñanza para ellos, así que con acciones como éstas les enseñas a violar la ley, a transgredir la autoridad y a que tiene tu permiso para hacerlo. Les enseñas a no tolerar la frustración, ni a valorar su vida ni la de sus familiares y menos las de los médicos. Entonces ese niño aprende a hacer trampa, a que sus deseos son el centro del universo y están por encima de las reglas sociales, a no obedecer a sus maestros o a figuras de autoridad.

Imaginen que otros niños vieron esta escena, ¿no creen que también reciben el mensaje de que romper las reglas está bien? Imaginen igual que son otros papás los que ven esta escena, ¿no creen que puedan decir: “Yo aquí esforzándome y a la gente no le importa. Ya mejor para qué seguimos con las medidas”. Es, en parte, por acciones como esta de los juegos infantiles que no podemos acabar con la pandemia.


Debemos de esforzarnos en educar a nuestros hijos en la solidaridad, el sentido común, la disciplina (sin golpes), así como ayudarlos a desarrollar el autoentretenimiento. Te aseguro que si enseñas a tus hijos a ser prudentes con sus antojos emocionales, los estarás preparando para tener éxito en todos los aspectos de su vida.  


Psic. Olga González Domínguez
escribeme@olgagonzalez.mx

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