Sostener el cielo


Un día un elefante vio un colibrí recostado sobre su espalda en el suelo. Los pequeños pies del pájaro se levantaban en el aire. “¿Qué diantres estás haciendo, colibrí?”, le preguntó el elefante. El colibrí respondió: “He oído que el cielo puede caerse hoy. Si eso ocurriera, estoy listo para hacer mi parte y sostenerlo”. El elefante se rio y se burló del pequeño pajarito. “¿Piensas que esos pequeños pies pueden sostener el cielo?”. “No, estos pies solos –admitió el colibrí– no podrían, pero cada uno debe de hacer lo que pueda. Y esto es lo que yo puedo hacer”. Este cuento de origen chino nos recuerda la importancia de nuestros actos en lo individual.

Al igual que el pajarito, llevamos tantos meses con la amenaza de muerte, de contagio por el Covid-19, con la amenaza de que “se puede caer el cielo”, que llega un punto en el que podemos creer que los esfuerzos individuales no valen la pena, que las tragedias siguen sucediendo hagamos lo que hagamos, que es demasiado el costo del esfuerzo individual para que los demás no se cuiden, que sin importar la acción que emprendamos seguiremos siendo las víctimas de este virus que nos tiene acotados, empobrecidos y limitados en todos los aspectos.


Primero que nada quiero decir que todos estos pensamientos son consecuencia de cuatro factores principales: el cansancio, la desesperación, la falta de recursos internos y la ausencia de liderazgo de algunas de nuestras autoridades para sacarnos de la pandemia.

La cuarentena en México no solamente ha sido una de las más largas del mundo, sino de la historia. Las investigaciones sobre los efectos nocivos sociales y emocionales de cuarentenas de más de 100 días son contundentes, y nosotros llevamos ya más de 200 días. Es natural que muchas personas ya estén desesperadas. Y la franca realidad es que todavía nos esperan varios meses más. Esto impacta de manera directa en nuestro cerebro, provocando mayor irritabilidad, furia, depresión, ansiedad, desmotivación.

Por otro lado, tenemos la angustia de quienes están perdiendo sus negocios, empleos o sustento, de quienes ya no resisten más. También está la falta de recursos internos, aquellos quienes todavía no se han volcado en cultivar la paciencia, la fuerza interior, el control de sus pensamientos, aquellos quienes se han resistido a cambiar su forma de ser y a adaptarse a las demandas de esta realidad, estas personas sufren aún más la situación e, incluso, pueden llegar al suicido o a ser violentos con sus seres queridos. Asimismo, está presente la falta de liderazgo de nuestras autoridades para rescatar a las pequeñas y medianas empresas y para manejar de mejor manera la pandemia.


Para este momento debemos de saber que como ciudadanos la batalla está por nuestra cuenta, que hay que seguir de pie en la lucha sin perder la cordura, porque la lucha seguirá y no sólo es a nivel de salud o económica, sino que habremos de superar el agotamiento emocional. Para hacerle frente a todo y salir victoriosos, es importante no bajar la guardia con el uso de cubrebocas, lavarse las manos con frecuencia, hacer actividad física, aprender a detectar y manejar nuestras emociones, cultivar la paz interna, apoyar a los comercios locales. Estas importantes prácticas nos ayudarán a no perder el sentido de la solidaridad, de la responsabilidad individual y, sobre todo, de la esperanza. Entonces seremos como el colibrí que no duda ni un segundo sobre los pequeños esfuerzos que pueden salvarnos. 

Psic. Olga González Domínguez

escribeme@olgagonzalez.mx 

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